La Francia del corazón crístico femenino -3ª parte

Terminó en Saint Maximin la Sainte Baume el periplo por la Provence. Tras un breve paseo por la calle principal del pueblo, volvimos a la carretera para seguir ruta a la región más misteriosa del sur de Francia: Occitania – Languedoc.

La primera parada fue Carcassone. En esta hermosa ciudad amurallada, cuyo conjunto arquitectónico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997, está impresa también la huella de María Magdalena. También en esta ocasión, entramos por la puerta de Narbona, el arco que se alza al este entre dos torres almenadas, para ser recibidos por la estatua de una mujer de vientre abultado, nuestro Cristo femenino, a la que, por el paso de los siglos, le faltan los dos brazos.

María Magdalena nos recibe en la Puerta Narbona de Carcassone.
Las tiendas de suvenirs ocupan las turísticas calles.

Dejando para el final el paseo turístico entre la multitud de tiendas de suvenirs, nos dirigimos hacia la espectacular basílica de estilo románico-gótico de Saint Nazaire. Como toda iglesia con rosetón, lo que allí se respira es energía femenina, pese a la advocación del templo a Saint Nazaire. Su colección de vitrales es de una belleza suplime, pero cada rincón es aún más digno de alabanza. Mi alma detiene mi cuerpo ante una bellísima Santa Anna, abuela de Yeshua, mujer de alta sabiduría y maestra esenia, y ante una imponente Juan de Arco, la omnipresente Juana de Francia.

Vidrieras que rodean el altar mayor de la iglesia de Saint Nazarie, en Carcassone.
La bellísima Santa Anna de la iglesia de Carcassone.

Guiados por otra sabia mujer, mi hermana mayor, seguimos la práctica taoísta de entrar a un templo por su canal central y detenernos a la izquierda o a la derecha frente al altar. Allí, los cuatro sentados, pudimos impregnarnos de la suave y pacífica energía femenina de esta maravillosa basílica y deleitarnos con los rayos que se filtraban por sus mágicas vidrieras.

Entre tanto movimiento alrededor, pudimos entrar en la calma precisa para recibir: «Cada código aquí anclado te lleva a experimentar la conciencia crística en unidad. Cada código aquí encriptado le habla al que mira, al que escucha, al que está en silencio, al que desea ir más allá, más alto, más allá de la contemplación».

Tras un escueto y frío paseo entre turistas, seguimos la ruta hacia la aldea que nos serviría de nexo entre los tres pueblos del triángulo esotérico de Occitania: Coustoussa.

De nuevo llegamos con la luz del atardecer, esa luz que da un aire aún más misterioso a la campiña francesa del departamento del Aude donde se enclavan el pico Bugarach, el místico Rennes Le Chateau y la energética Rennes Les Baines.

Bugarach, la tierra, y Rennes Les Baines, las aguas

Subir al pico Bugarach es una actividad propia del aficionado al senderismo, porque sus 1.230 metros requiere más de hora y media de ascenso y otras tantas de bajada. No era nuestra intención llegar a la cima, sino conocer de cerca una de las montañas más esotéricas del planeta y dejarnos llevar por su mística energía.

En mi anterior viaje al sur de Francia, el Bugarach quedó fuera de la ruta, así que esta iba a ser mi primera experiencia en el antiguo volcán que, según la leyenda de la zona, custodia el gran tesoro de los templarios. Quizás por ser la primera vez, esta vivencia fue la que más marcó a mi alma en este hermoso peregrinaje.

El Bugarach es una de las montañas más magnéticas de la Tierra.

Había oído y leído todo lo relacionado con el Bugarach: que es puerta al mundo intraterreno de Agartha, que tiene vórtices y portales que comunican con otras dimensiones, que representa la unión de las energías femeninas y masculinas, pero a mí, que sigo el Camino de la conciencia crística, lo que me movía hacia él era su relación con la comunidad esenia y albergar la ciudad etérica de la luz dorada de Yeshua y María Magdalena.

En el sendero donde se inicia una de las vías de ascenso, decidimos subir hasta donde llegáramos. Es accesible con facilidad, de hecho, nos encontramos familias con niños que emprendían la subida con determinación. Nada más emprender el ascenso, nos embargó una sensación de profunda paz y alegría.

Atravesando el bosque, a los pies del Bugarach.

Todo alrededor era de una belleza inconmensurable. Prados florecidos, árboles muy antiguos, piedras con símbolos de geometría en la roca y el bosque que flanquea el camino hacia la cumbre…, un bosque de hayas, robles, abetos y “boixos” que te va llevando, envuelto en su sutil energía, en volandas hacia la cumbre. Al menos, así lo sentí yo. La frecuencia oro rubí me rodeó desde el principio y de ahí surgió un cántico dedicado a Anna Mariam, la matriarca y gran maestra esenia de la pequeña comunidad que hace mucho residió en las faldas de la montaña.

Hayas en el camino de ascenso a la cima del Bugarach.
Símbolos de la Nueva Era grabados en las rocas.

Cuando empezó a llover decidí no seguir el ascenso. No tenía la necesidad de llegar al pico, pese a las maravillosas vistas de 360 grados que pueden disfrutarse desde este macizo de Corbiéres. El descenso tenía que hacerse con sumo cuidado porque las piedras resbalaban, así que puse mucha atención en cada paso y en cada recodo del camino. La intuición de mi pareja le había llevado a apartarse en la bajada hacia un saliente, y allí, nos deleitamos con la enrome cueva de profundos agujeros que se presentó ante nosotros. De nuevo, el Sagrado Femenino haciéndose presente.

Orificios que simbolizan el Sagrado Femenino en las paredes del Bugarach.

Desde allí, contemplé extasiada el valle y la meseta.

En un saliente del Bugarach, contemplando la belleza del valle.

Mientras bajaba distinguí una manada de caballos que pastaba cerca, así que decidí acercarme a ella para sentir la pureza de los hermanitos equinos. El prado que los rodeaba estaba cercado por florecidos arbustos de espinos blancos, una especie que me volvió a conectar con la familia esenia. El espino blanco es un guardián protector, es el árbol de las hadas y tiene la inmensa misión de ser una planta portal al Yo Superior. Sentada delante de un magnífico ejemplar entoné una suave melodía.

El espino blanco es un guardián protector y hay muchos alrededor del Bugarach.

Tras el almuerzo campestre a los pies del Bugarach, tomamos rumbo a nuestro siguiente destino: la fuente donde bautizaba María Magdalena, en las afueras de Rennes Les Baines. Se la conoce como Le Benitier, el lugar donde se unen el río salado llamado La Sals y el río la Blanchette, que nace en las montañas del Bugarach. No está señalado, pero no teníamos ninguna duda de que la maestra nos guiaría hasta allí. Era el momento de hacer nuestra iniciación a través del agua.

El río en el que bautizaba Magdalena, a las afueras de Rennes Les Baines.

Todo era dorado, el agua, la luz, la arena…Cruzamos el torrente descalzas y pisando con mucho cuidado sobre el lecho del río para llegar al otro lado, donde otro rincón mágico nos esperaba. Tras una enorme y antigua haya, un pequeño banco de piedra se situaba frente a un pequeño chorro de agua que caía sobre la tierra húmeda y naranja. Tal es la concentración de hierro en este manantial, que todo tiene ese color.

En la fuente de María Magdalena hay abundancia de hierro.

Pisando sobre esa tierra encharcada, María Magdalena nos dio la bienvenida a lo que llamó “su santuario”, y nos invitó, después de colocarnos, a mi amada hermana mayor y a mí, “el manto de la rosa”, a volver al lecho del río para “beber el agua para integrar su frecuencia”. No es posible trasladar la emoción de nuestros corazones en esos momentos, pero completamente decididas a seguir sus instrucciones volvimos a introducirnos con mucha cautela en el agua y, cada una, de manos de la otra, nos entregamos a la bendición de su frecuencia a través del líquido elemento.

Recibiendo la frecuencia del agua en el río de María Magdalena, su bendecido regalo.

Este fue el primer regalo otorgado. El segundo llegaría al día siguiente en Rennes Le Chateau.

Pero aún quedaba tarde por delante, así que nos dirigimos a otro espacio fascinante: la Fontaine des Amours. A solo unos minutos de distancia en coche, descubrimos estas piscinas naturales creadas por las rocas y cuya energía invita a la meditación. De nuevo, serenidad y belleza en torno a los que nos encontramos en el lugar. El agua, absolutamente helada, no invitaba a un baño, pero sí a la contemplación.

Otro potente vórtice de energía, la Fuente del Amor.

Ese fue el día de las aguas, porque todo en Rennes Les Baines habla de ellas. Sus termas son muy famosas y visitadas, así que nos dirigimos al pueblo para verlas. Recorrimos un bonito paseo al lado del río hasta el chorro caliente de la zona termal. Justo unos metros antes, y frente a una enorme roca plana que interrumpe el fluir del agua, un nuevo y poderoso vórtice nos sorprendía. El código que me llegó: intrascendencia.

Las termas de Rennes Les Baines son muy famosas.

Aún quedaba un poco de luz vespertina cuando aparcamos en el parking del castillo de Arques. Es una obra de arte gótico del siglo XIII que permanece intacta. Estaba cerrado, pero solo a unos metros de su puerta principal percibimos la intensidad del vórtice de energía. La puerta está en línea recta con la alta torre de más de veinte metros de altura situada en el centro del castillo. Es esa torre la fuente de la energía tan poderosa que notamos.

Ya el camino que lleva a la entrada del castillo de Arques nos anunciaba la mágica y potente energía del lugar.

Todo el recinto, que sufrió graves daños durante las cruzadas contra los cátaros, fue construido bajo los principios de geometría sagrada. Lo rodeamos y, lo más cerca que pudimos de la torre, realizamos una práctica de energía.

La Torre del castillo de Arques, construida en base a los principios de la geometría sagrada.

Arques vine de “arca”, y la leyenda de la zona dice que es tierra santa porque fue receptáculo de la palabra de Yeshua, de las enseñanzas que María Magdalena extendió gracias a la escuela que creó y que sirvió como base de operaciones.

El día más bello hasta ese momento, con las vivencias más relevantes para mi alma, acababa con la mirada puesta en lo que nos esperaba al día siguiente en Rennes Le Chatau.